
Hoy, mi casa generacional se inmiscuye en mi mente regalándome una obligada y no querida, en dolor, nostalgia.
Casa que con cariño y dedicación nos cobijo y protegió bajo un enraizado y costumbrista alero familiar.
Nacida al mediano esfuerzo y realización estatal subsidiaria, es: mediana al día de ayer, majestuosa al presente.
Nada y todo ha cambiado en ella.
Sin un metro cuadrado de construcción adicional, abarca ahora, desde el polo sur al polo norte, del finito al infinito, de diestra a siniestra, del infiero al cielo, de cordura a locura, de sueños a delirios.
Ojos espaciales impunes a la vergüenza dan fe de su nula expansión territorial.
Nacidas gemelas, ahora en vejez sobrevive sola.
Rodeada de habichuelas de concreto camino al cielo que ensombrecen a muerte un esforzado y ex orgulloso jardín-huerto.
Al frente, en colmenas uní sex trasparentes de obsoletos materiales, populan apretujados insociables seres en su comer, defecar, fornicar y dormir habitual.
Su puerta abierta sin censura a todo conocido que hubiese en su niñez, ahora se burla de nosotros con un “Welcome” inaccesible, protegido por alarmas aullantes y cegadoras luciérnagas entre fortificadas puertas y ventanas.
En su interior nuestra modesta biblioteca sucumbe al olvido detrás del maligno y celestial relampagueo que nos surte las bibliotecas de Alejandría, la cultura hindú y toda la sabiduría de oriente en solo un abrir y cerrar de ojos en cautiverio perpetuo y adoración ciega.
Un pestañear es también, creemos, el tiempo requerido por nuestra mente para comprender cabalmente lo que a otros les tomo siglos de deducción y estudio.
Somos híbridos confundidos en esencia propia, pero repentinamente, el sentir y experiencia de un pueblo desconocido -hasta posiblemente imaginario- y perdido en la extraña del limbo, es nuestro. Somos hermanos de lo desconocido.
Nos transformamos en paladines sangrientos e incansables de derechos y respeto ajenos.
Guerreros convencidos en razón, fe, de la justicia, palabra y litros de sangre que imparta nuestra incauta espada con obsesión ciega.
Tan sabios que “El Quijote” con su prosa los deja embriagados de incomprensión.
Estudiantes de títulos, de encabezados y nombre de autores. Totalmente indocumentados del enunciado, proposición, resolución y exposición del texto completo.
Grandes luchadores de magnificas obras sociales de renombre mundial. Géneros de corazones digitales y negadores a la mano solidaria al pordiosero poblacional.
Ganamos guerras mundiales ajenas y perdemos todas las batallas comunales.
Nuestra mecedora, sitial de origen de cuanta chomba artesanal multicolor nos regalaba la dedicación y cariño de nuestras tías, es hoy, remplazada por un sillín rodante que nos conecta raudamente entre consolas y plataformas.
Nuestra ropa manufacturada raudamente con manos infantiles que tanto objetamos, pero adquirimos igual, es sintética y estampada con rostros de escondidas y desconocidas ideologías.
En el pasillo un cajón olvidado. Lleno de alegrías y recuerdos aun cobija a mis amigos, ahora depreciados, soldados de plomo. Soldados invencibles bajo el poder y heroísmo que nuestra imaginación les dotaba.
En la mesa un caldero viejo, obstinado en permanecer, que nutre y calma nuestras apetencias con sabores e ingrediente de la huerta original y nos libra de todo vestigio de saborizante, artificialidad y publicidad mercantil.
Alimento fresco engullido directamente de la madre, aun con rastros de tierra y cuanto germen agusanado hubiese en el, digeridos vorazmente por estómagos de hiero.
Hoy miles de desinfectantes provocan jugosos desembolsos medicinales.
Observo mis hijos al alcance del toque físico.
Sus mentes ya más lejanas en abismos propios.
Uno hablando mediante tentáculos tecnológicos que afloran de sus oídos con sus amigos interplanetarios de delirios y fantasmas propios.
La mayor cautiva del encantamiento de su grupo preferido.
El menor embobado, con la cuchara paralizada en abierta boca, estupefacto en el accionar bondadoso de sus héroes que aniquilan la vida de mundos enteros.
La conversación vacía se torna interminable debido a las distracciones y vuelas reiterativos a retomar la idea.
Tampoco yo escapo a esta cadena del sin sentido.
La cuatro por cuatro que con tanto sacrificio engalana nuestro garaje hace añicos nuestra privacidad ante la interrupción constante de cobradores, secretarias, bancos y jefaturas que sin consideración interrumpen nuestro descanso, sin respetar hora, día, ni ocasión.
Hemos olvidado el organizar, confiar y filtrar, hemos pavimentado el camino al invasor con adoración.
El descanso sin cansancio es un pecado. El sentir y relajo de dejar pasar el tiempo angustia la mente depresiva.
Hasta Dios y Einstein son interrumpidos en su discurso por momentos más gloriosos.
En la sala de estar, ahora tan bien bautizada Living, diviso a nuestros indeseados invitados que se multiplican hasta la hermandad universal, en coloquiales charlas.
Sentados: Platón, Sócrates y Dumas en animada charla.
A la derecha Stalin, Karl Max, Musoline con el seño fruncido.
Al frente Cristo y Buda durmiendo.
Gates, Piñera, riendo.
Charles Manson enseñando.
Joko Ono predicando.
Jack con sus prostitutas.
Castel y su moral.
Olivari, y Salazar abriendo nuestras apetencias con implantes nuevos.
Frei y Lagos ofreciendo mundos nuevos.
Todos esmerándose prolijamente en distraernos de la mesa familiar y hogareña.
Y ante tanto comensal no advertimos las preocupaciones, angustias y alegrías de nuestros sostenedores. Pobres viejos que traspiran y sufren su pobreza, a quienes nadie valoriza sus bien intencionados consejos.
Su esfuerzo, sus herramientas casera que con tanto ingenio y trabajo forjo son basura comparada a la tecnología del mas allá.
Que importa que ellas hayan sido sustentos y cobijo. Es basura y no sirve.
No hay consideración para ellos.
Están perdidos en el anonimato de la vejez.
La vejez es un delito de discursos obsoletos repetitivos de autoridad, disciplina, responsabilidad, respetos, trabajo y sacrificio muy pobres comparado al cántico de líderes de inmaculada manos y extasiados discursos de promesas de derechos iguales.
¿Que sabe un viejo de ojos sereno, calma serenidad y digno caminar? objetan los bulímicos, depresivos, drogadictos y revolucionaros imberbes: NADA.
Por ello vacilo muchas veces cuando en sus ojos cansados aparece el brillo irónico de su pronta venganza, generación en generación más cruel.
Mientras tanto sigo –vencido- el hechizo de jóvenes imberbes, inexpertos en vivencias y experiencias, autorizado a manipular la caja de Pandora sin límite o supervisión, a caminar los mismos caminos, solo rebautizados constantemente en nombres llamativos.
Extraño la sobre mesa de sobre manera.
La conversación generacional de la experiencia cercana, de su emoción y evaluación hereditaria.
Los tiempos familiares de enrizamiento y fortalecimiento.
Los cuentos que me hacen creer en el cielo traspasando techos mentales.
Nuestro living nos bendice con tantas definiciones como queramos, al alcance y provecho de cada ocasión, que no sabemos diferenciar de un castigo, de una reprimenda, de una agresión, o de un grito.
Si nos callan por interrumpir en tierna infancia, estamos siendo educados nos convencieron. Pero si se calla a un interrumpidor se es un dictador autoritario.
Confusión, confusión, reina del hogar abierto.
En mi mesa mi familia, Cristo, Einstein, Condorito, un diario y me doy por pagado.
Pero ya es tarde. Demasiado tarde, desde tiempo un abducido más.
Mis nietos seguramente reirán de la insensatez de mi texto.
Otro cuento de hadas obsoleto por la ciencia -dirán
E iluminado por un letrero “Coca Cola TM” sobre la luna, deberé darles la razón.
Saludos y suerte











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